JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

1354195141_0

José Manuel Caballero Bonald

Vida

De padres cubanos estudió Filosofía y Letras en Sevilla entre 1949 y 1952 y naútica y astronomía en Cádiz. En estos mismos años comenzó a relacionarse con los cordobeses de la revista Cántico, como Pablo García Baena.

Su carrera continuó en Iberoamérica,2 donde fue profesor universitario en Bogotá y colaboró con Camilo José Cela y con el proyecto del Instituto de Lexicografía de la Real Academia Española. Además, tuvo un idilio de siete años con la primera mujer de Cela, Rosario Conde.3 4 .

Fuente: http://es.wikipedia.org

Busto de Camilo José Cela en el paseo de Ferná...

Busto de Camilo José Cela en el paseo de Fernández Iparraguirre de Guadalajara (España) realizado por Luis Sanguino. (Photo credit: Wikipedia)

Busto de Camilo José Cela en el paseo de Fernández Iparraguirre de Guadalajara (España) realizado por Luis Sanguino. (Photo credit: Wikipedia)

1354198989_extras_portadilla_2

En 1986 se inauguró un instituto con su nombre,5 y en 1998 se constituyó la Fundación Caballero Bonald.

En abril de 2009 publica La noche no tiene paredes, compuesto por 103 poemas, donde hace una reivindicación de la incertidumbre, porque, en sus propias palabras, «el que no tiene dudas, el que está seguro de todo, es lo más parecido que hay a un imbécil6

Tras la publicación de Entreguerras (2012), libro formado por un solo poema de casi 3.000 versos, declaró: “ya no voy a escribir nada”.7

caballero-bonald

Ha reconocido que escribir poesía lo ayuda a mantenerse joven. “El permanecer en la brecha te rejuvenece. El que no se queda callado, el que iguala el pensamiento con la vida, tiene ya mucho ganado para rejuvenecer”, dijo al cumplir 80 años de edad.

El 29 de noviembre de 2012 es galardonado con el Premio Cervantes.8

961f996415ba82231a3aa4b5c41b7dad

José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera11 de noviembre de 1926) es un escritor y poeta español.1 La cuidadosa utilización del lenguaje, un léxico muy cuidado y el barroquismo caracterizan su obra.

jose-manuel-caballero-bonald-poeta-narrador-e-L-wcCaGz

Fuente: http://artespoeticas.librodenotas.com

PRINCIPIO DE DEDUCCIÓN,2005

Si es cierto que los sueños
son respuestas a todas las preguntas
que estuvimos haciéndonos
antes de nacer,
la poesía
vendría a ser como la réplica
a ese interrogante
que se ha quedado aún sin contestar.

De Manual de infractores, 2005.
En Poéticas

SevillaSevilla (Photo credit: Werkmens)

SOBRE EL IMPOSIBLE OFICIO DE ESCRIBIR,1993

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora. ¿Vale algo
comprobarlo después de consumidos
tantos esfuerzos
para no mentir?

Toco
tu vientre y se desplaza el tiempo
como la sangre
en un embudo mientras
a ciegas nos buscamos. Sólo el riesgo
común ocupa el mundo, arrasa
el derredor, lo exprime
como una esponja, desordena
el engranaje de los hechos.
¿Cómo
poder saldar entonces
la ambigüedad de la memoria?

El imposible oficio de escribir
aproximadamente
la historia terminal del anteayer
de la vida, y más cuando
un incierto futuro se intercala
entre lo timorato y lo arrogante
me suele contagiar
de esa amorfa molicie
que entumece los goznes del deseo.

Pero no cejo nunca. Paraísos
vagamente resueltos
entre la oxidación del ocio, surgen
como reclamos, brillan
en ocasiones
con juvenil sabor a culpa.

¡Escapar de la mella de los días
iguales! En tanta libertad
¿se anudarán imágenes
que a su obstinado uso
me condenen, reduzcan el amor
a sus simulaciones? Lo que aquí
no está escrito es ya la única
prueba de que dispongo
para reconocerme, interrumpir
mi turno de erosión entre recuerdos
apremiantes.

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora.

De Descrédito del héroe (1977/1993). En Poéticas reunidas

SevillaSevilla (Photo credit: Werkmens)

ENTREVISTA,2005

A mi edad, ¿cómo me voy a callar?”, se pregunta José Manuel Caballero Bonald en su casa de Madrid, a dos pasos de la Dehesa de la Villa. Narrador y poeta, el autor jerezano, que el mes que viene cumple 79 años, acaba de publicar Manual de infractores, un poemario largo y airado.
PREGUNTA. El suyo es el libro de un hombre indignado.
RESPUESTA. El libro se iba a llamar La desobediencia, un título que recoge bien su tono libertario. Yo aspiro a que este Manual sea incluido en la lista de libros prohibidos por parte de las personas de orden, de los biempensantes, porque lo escribí contra la norma, contra los gregarios y los obedientes.
P. ¿En qué manos estamos? La pregunta es suya.
R. El libro arrancó de la indignación contra algunas cosas que estaban ocurriendo hace dos o tres años. La guerra de Irak, por ejemplo, esos abusos de poder…
P. ¿Y qué le sigue indignando?
R. El periódico viene cargado de motivos. Esos autocares llenos de africanos hacinados, maniatados, apaleados, llorosos y hambrientos a los que llevan al desierto…
Hay cosas tan importantes que me río de que se discuta si Cataluña es o no una nación. O de que los catastrofistas vengan con eso de que se va a romper España.
P. Nosotros estamos del lado rico de la valla, ¿qué hacer?
R. Las alambradas me parecen terribles e innecesarias. Hay que buscar una solución general, no de España y Marruecos. Los países de la Unión Europea tendrían que organizarse para acoger a los inmigrantes, no poner ese coto horroroso para que se mueran del otro lado.
P. Además de la desobediencia política, su libro tiene mucho de rebelión contra el tiempo.
R. Cada vez tengo más pasado y menos futuro. Y me aferro a ese pasado pensando que en él hay un caudal de experiencias aprovechables. El paso del tiempo es para mí dramático, aunque ese sentimiento no es de ahora. Este libro es una decantación de temas anteriores. El tiempo que huye me produce zozobra. Incluso en los sueños. Ahora tengo sueños muy raros, vacíos, ausencias que me alarman. Debe de ser la cercanía de los 80 años.
P. Supongo que el paso del tiempo no pesa igual a los 80 años que a los 60.
R. Hay una frontera tajante. Hace veinte años yo podía hablar con una pasión que ahora me falta. Uno se vuelve escéptico. Cada vez creo en menos cosas. O mejor dicho, cada vez no creo en más cosas. Ya no puedo hacer un poema apasionado. A no ser que recuerde algo ocurrido en el pasado.
P. Sólo eres lo que recuerdas, dice en un verso, pero también dice que todo el que recuerda miente.
R. Se equivoca, más que miente. Castilla del Pino decía que toda autobiografía es un autoengaño. Yo lo comprobé en mis memorias. Es imposible que uno se acuerde del que fue tal y como fue. Cuando tenía dudas, los espacios del olvido los ocupaba la invención. También la verdad se inventa, decía Machado. Para mí la poesía es un género de ficción, como la novela o las memorias. A mí, la verdad, la sinceridad y todos esos conceptos solemnes no me importan en poesía. Lo que me importa es hacer un texto bello. Creo un poema con palabras y la verdad es la que se está creando a medida que lo escribo. Ésa es la verdad del poema. Por eso he dicho alguna vez que lo que me importa es que las palabras en poesía signifiquen más que lo que significan en el diccionario, que la poesía ocupe más espacio que el texto propiamente dicho. Ésa es mi poética.
P. ¿Pero si uno no cree en la verdad, qué es lo que puede oponer a la mentira?
R. Ser consecuente con uno mismo. En eso creo que he sido coherente, en no mentirme a mí mismo, en no decir lo que no pienso.
P. ¿Y cuántos enemigos le ha reportado?
R. Bastantes. Sobre todo con las memorias. Pero si yo cuento cosas mías que no me gustan, por qué no voy a contarlas de los demás. Me gané la enemistad de personas que consideraba amigas. Eso me decepcionó y me demostró que la gente es muy vanidosa, frívola y sin…
P. ¿Sentido del humor?
R. También. La literatura sin sentido del humor es un sermón. Y la gente sermonea mucho.
P. Hace poco presidió usted el jurado del premio de novela de Torrevieja y dijo que la obra ganadora, escrita por César Vidal, le parecía ideológicamente detestable.
R. A mi edad, ¿cómo me voy a callar? No hice un juicio literario de la obra, dije que me parecía deleznable una novela en la que, entre otras cosas, la Revolución Francesa aparece como una historia de maleantes que maltrató a los ricos.
P. Juan Marsé acaba de criticar el bajo nivel literario de los ganadores del Planeta. Y se ha montado.
R. ¿Y por qué un miembro de un jurado no va a decir lo que piensa? Lo que molesta es que se rompa la ley del silencio, la sumisión al jefe.
P. ¿A usted nadie le dijo nada?
R. Al contrario. El responsable de Random House Mondadori me dijo que le parecía bien que dijera lo que pensaba.
P. ¿Usted votó a César Vidal?
R. No.
P. Los premios siempre son sospechosos. ¿Antes de la reunión del jurado la editorial no le dijo nada sobre ese libro?
R. No. No tenía ni idea de quién era su autor.
P. Volviendo a la literatura, ¿cómo conciliar la protesta y la estética? A la poesía social de la posguerra se la acusó de sacrificar el rigor expresivo y buscar una claridad que llegara a todo el mundo.
R. Hay un libro mío de los años sesenta que no me gusta: Pliegos de cordel. Al escribirlo forcé mi sensibilidad para ser más directo. Empujado por la época, traicioné aquello para lo que yo me siento mejor dotado en literatura, que es crear un mundo más hermético. En Manual de infractores la denuncia se entiende, pero ahora no he sometido mi forma expresiva a ninguna consigna previa. La denuncia ha salido a medida que estaba expresándome como yo quería.
P. ¿Qué diferencia hay entre escribir contra una dictadura, con un enemigo evidente, y hacerlo dentro de un sistema injusto del que nosotros formamos parte?
R. En este libro nuevo hay un poema, ‘Pasión del clandestino’, que recoge una contradicción. Habla de la lucha en la clandestinidad antifranquista y de lo que eso tenía de exageración romántica. Por un lado pensabas que estabas cumpliendo con un deber moral, pero también que estabas viviendo una experiencia que tenía cierto valor literario, que algún día ibas a acordarte de eso de una forma placentera. Y ese placer choca con el terror que se vivía cotidianamente.
P. ¿Nostalgia del horror?
R. Melancolía, más bien. Las reuniones clandestinas tenían mucho encanto: discusiones, amores, amoríos, excesos etílicos… Bueno, tenían mucho encanto y yo era más joven.

R. Con dos sentimientos muy entrelazados: alivio y miedo. Mi primera reacción fue de temor. De liberación también, claro, pero pesaba mucho la incertidumbre por el inmediato porvenir, por el miedo a la involución, a que todo volviera a empezar.
P. Detuvo sus memorias en 1975 y dijo que no escribiría sobre estos últimos treinta años, a pesar de que ha sido muy crítico con la transición. ¿Fue un olvido necesario o una traición?
R. Fue un error decretar una historia sin culpables. El franquismo no ha tenido un tribunal que juzgara los crímenes de alguien que murió matando. Esa transición débil y acomodaticia que decretó el olvido, el borrón y cuenta nueva ha provocado que en la vida española actual haya lastres del franquismo muy visibles. Y no digamos cuando Aznar estaba en el poder. El franquismo fue un terrorífico infortunio histórico del que todavía no nos hemos curado.

Babelia, entrevista realizada por Javier Mora y publicada el 22 de octubre del 2005

PRODUCTOS_Periodico_PUBLISH_20130213_es_PAG059_MEDIA_de8b7216-cb87-4316-a821-5cb1e87616fa_low

Related articles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s